7/01/2010

En el hoyo. Desde los cimientos del Segundo Piso


Tras el reguero de alabanzas que dejaba el documental mexicano en su debut inglés en abril, En el hoyo (In the Pit, con título en inglés) sale ahora a la venta en el Reino Unido. Una obra para saborear con calma

El tráfico de Ciudad de México es un entramado imposible. Recuerdo que eran las 6 de la mañana de un día de abril de 2007 cuando el bullicio y la aglomeración en las carreteras eran ya desesperanzadores. Como buena turista una ve en toda adversidad una ocasión para las fotos y - en lo que encontraba la cámara en el bolso - un mamotreto, un monstruo de cemento se nos apareció abriendo las fauces. “¿Pero qué co… qué es eso?” murmuré al taxista apretando la frente contra el cristal trasero tratando de conseguir perspectiva para verle la barriga a esa serpiente que nacía quién sabe dónde y terminaba donde nadie sabe qué. “Eso, güerita, eso es el Segundo Piso. ¿Te quieres subir?”.

En el hoyo. Bienvenidos a la construcción del Segundo Piso.

Juan Carlos Rulfo comenzó este proyecto de documental en 2003 con las excavaciones en la esquina de su casa para lo que iba a ser el puente más largo de México. El Segundo Piso, como llaman los mexicanos a este animal en concreto, rodea la ciudad sobre el Anillo Periférico actuando como un conductor vial, un “desahogo” del tráfico de la ciudad.

Este documental mexicano, hecho a pinceladas, toma a los personajes como si fueran colores para ir pintando un cuadro muy complejo. Por supuesto los ruidos, los cortes de tráfico, el desorden y el desmadre que provocan las obras de las ciudades nos hacen muy conscientes de que están sucediendo, pero nunca nos hemos parado a pensar que esas obras no son simples acontecimientos automáticos. Esas obras están vivas, tienen una biología que es tan rica como los seres humanos que la componen. Y eso es lo que En el hoyo nos sirve en el plato: una suerte de humanidad en las grúas y el acero. “Se llama En el hoyo porque todo empezó dentro de una de las excavaciones para los pilares.” explica Juan Carlos, director de la cinta. “Se me ocurrió empezar por lo más bajo para ir subiendo con los pilares de la obra.”

El documental transforma ese mamotreto de cemento en un personaje vivo y dinámico. En el hoyo saca provecho de nuestra tendencia natural a humanizar todo lo que nos rodea y, gracias a las personalidades de los obreros, al final lo que nos conmueve es el propio personaje del puente. De él se muestra todo, el puente queda desnudo ante la cámara de Juan y su equipo, ellos se encargan de exponerlo ante nuestros ojos: su parte dura, su despotismo, su maldad y hasta su lado tierno y protector. Ese puente no es un puente cualquiera, ese puente es Chabelo, es Pedro, es El Guapo, El Grande, El Chómpiras… al final ese puente ha llorado, ha sido padre, maltratador, hermano y hasta mafioso, vendedor de dientes de acero y montador de caballos salvajes.

En el hoyo se nutre de qué y quién es esta autopista. Cuando el documental empieza, con una toma escalofriante de un hombre que ha caído en uno de los hoyos, los demás obreros le lanzan una cuerda y le dicen que se la ate a la cintura. En realidad nos la están lanzando a nosotros. “¿Estás bien?” Nos preguntan. Y mentalmente contestamos “sí”, aunque no estamos muy seguros… pero ese personaje en el hoyo contesta por nosotros y el equipo entero comienza a tirar de la soga. Allá vamos. A partir de ahí vamos a vivir dentro del “útero” de este animal. Toda la música, exceptuando el tema final del plano aéreo, ha sido compuesta 100% con sonidos de la construcción; así que esos sonidos nos envuelven como los latidos de la madre al feto. Lo tenemos por todos lados. Poco a poco iremos saliendo y subiendo literalmente los 40 metros de altura de los pilares que sostendrán el Segundo Piso. Ya hemos nacido, ya nos hemos acostumbrado a sus ruidos y compases, ya hemos conocido a sus hacedores, ya somos parte del proyecto. Un logro para quitarse el sombrero. En el hoyo consigue hacernos olvidar al celuloide precisamente gracias al uso tan impecable de los recursos del cine documental: desde la foto fija hasta la composición de un plano secuencia inusualmente largo y limpio.

Este equipo se recrea en los contrastes, este México DF podría llamarse Bogotá, Lima o Santiago; estos personajes podrían vivir en Venezuela, Panamá o Bolivia; porque la “belleza” del retrato reside en el primer gran choque que nos llevará de la mano desde el principio: el peligro constante en el que trabajan estos hombres del hierro. Que si en la obra llueve el hoyo se inunda y si el hoyo se inunda la pared se desmorona. Pero sin hierro no hay trabajo y sin trabajo no hay comida. “Más miedo nos da no comer el sábado. ¿Verdad Chaparro?” - Nos gritan desde las dos dimensiones.

Esta obra cinematográfica que ponía sus cimientos en el mismo hoyo que uno de los pilares del Segundo Piso, crece, quizás sin quererlo, junto con el puente hasta compararse a su altura. El plano secuencia de cierre nos deja con el corazón en un puño preguntándonos si volveremos a ver al Chaparro, a Pedro, al El Grande… Si ahora volviera atrás, mientras pegaba la nariz contra la ventanilla de aquel taxi del DF, contestaría inmediatamente a la pregunta del taxista: “Sí, claro que quiero subir”. Allí llevaría hasta el límite mi agudeza visual en busca de algunas de las caras de los que ya son amigos, a lomos del dragón que una vez nos unió por un puñado de horas...

…Como acaba el documental: yo, ¿qué más les cuento?

En el hoyo (In the Pit) a la venta desde el 21 de junio

Ximena de la Serna
El Ibérico

Un Picasso íntimo y familiar


Las obras más personales de Pablo Picasso se exhiben actualmente en la galería londinense Gagosian hasta el 28 de agosto.

La exposición Picasso: The Mediterranean Years (1945-1962), que incluye pinturas, cerámicas, esculturas y linoleografías, nos muestra el trabajo que el pintor malagueño realizó entre los años 1945 y 1962 en el Mediterráneo francés tras abandonar París. El gran maestro, que pasa estos años de posguerra junto a dos de sus parejas, Françoise Gilot y Jacqueline Roque y cuatro de sus hijos, y que se reúne con frecuencia en su residencia gala con algunos de sus antiguos amigos, retrata en esta colección escenas de su día a día revelando un Picasso familiar e íntimo. Su hija Paloma, nacida en 1959 de su relación con Françoise Gilot, recuerda esos años con su padre: “Todo era fácil y natural. No había distinción entre el día a día y el arte. Podíamos estar en la mesa y, al terminar de comer, mi padre retiraba su plato hacía un lado y comenzaba a trabajar”.
Las pinturas Chouette sur une chaise, Portrait de Françoise y Portrait de femme a la robe verte, o los carteles de toros y de exposiciones en Vallauris, son algunas de las obras que pueden disfrutarse en este espacio del centro de Londres y que desprenden la jovialidad, entusiasmo y optimismo del artista en aquellos años. Y es que esta colorista recopilación de 150 piezas, pertenecientes la mayoría de ellas a la colección privada de la familia Picasso y apodada “Los picasso de los Picasso”, es todavía más interesante cuando nos la explican los contemporáneos del artista.
Los comisarios de la exhibición, John Richardson y Bernard Ruiz–Picasso -biógrafo y nieto del artista respectivamente- y que conocieron personalmente al autor, tienen la suerte de poder contextualizar muchos de los trabajos de esta etapa del pintor y relatan cómo los hijos, amantes y entorno social del pintor se convirtieron en su musa durante este periodo. Richardson, que está a punto de finalizar el cuarto volumen de la biografía de Picasso, nació en Londres en 1924 y, tras trabajar como crítico artístico para The New Statesman, se trasladó a la Provenza francesa y compartió diez años de la vida del artista en el sur francés. Cuando habla sobre el Picasso de entonces, Richadson describe a un hombre padre, amante, amigo y artista y cuenta cómo el arte se confundía en su día a día en la casa familiar de Vallauris. En esta etapa, Picasso se introduce en el oficio de la cerámica gracias al taller Madoura de la localidad donde vivía y el octogenario biógrafo rememora como el maestro se mostraba torpe en sus comienzos para, tres años más tarde, revolucionar la alfarería y convertir Vallauris en una ville d’art.
En la Gagosian se pueden contemplar estos días algunas de las cerámicas con escenas bicolores de toros, paisajes y retratos producidas en esta pequeña villa cercana a Cannes. La cerámica Bikini, jarrón en naranja y amarillo con forma de cuerpo de mujer que recibe al visitante de la galería, es una muestra más de cómo la obra de este pintor polifacético estaba influenciada por los acontecimientos sociales de la época. El biquini estaba revolucionando la sociedad de los años 60 y Picasso, a sus setenta años, estaba fascinado por los cuerpos semidesnudos de las mujeres en la playa. El malagueño presumía de estar al día de lo que sucedía a su alrededor y señalaba: “Ves, todavía estoy aquí y entiendo el mundo”.
En cuanto a la obra esculpida del artista, Richardson apunta que Picasso se interesaba por la perfección de sus esculturas hasta tal punto que deseaba que sus piezas parecieran tan reales que hasta pudieran olerse. “Se parece más a una cabra que la propia cabra”, dijo Picasso sobre su famosa escultura La Chevre (1950). La femme enceinte o Petite fille sautant a la corde son algunas de las medianas esculturas en bronce que dominan la instalación de la galería. Esta última resulta técnicamente intrigante ya que Picasso se las arregló para que la fina cuerda de la niña soportara el peso de la figura. Por su parte, Bernard Ruiz-Picasso, nieto del artista y co-fundador del Museo Picasso Málaga y de la Fundación Almine y Bernard Ruiz-Picasso, recuerda que su abuelo, comunista declarado, era un español en el exilio y que los colores de la naturaleza del sur de Francia, la luz y el mar, siempre le recordaron a España.
Esta exposición en la Gagosian Gallery contrasta con la exhibida estos días en la Tate Modern de Liverpool Picasso: Peace and Freedonm, donde se muestra el aspecto más político del autor. Richardson recuerda que Picasso estuvo a punto de iniciar un conflicto con sus amigos de la época cuando casi autoriza una exposición de su obra en la España franquista. Entonces, fueron muchos los allegados del artista que le recomendaron no hacerlo, como recordaba el poeta y dramaturgo Jean Cocteau en su diario. En referencia a los años de posguerra del artista en el sur francés ya apodados por algunos expertos como “el periodo feliz” de Picasso, Bernard Ruiz-Picasso aclara sobre la felicidad de su abuelo: “Él estaba encantado con su arte y con tener a su familia y amigos alrededor. Sin embargo, yo no sé si los artistas o los grandes personajes consiguen ser felices. Es algo más complicado”.

Gagosian Gallery
Britannia Street
6-24 Britannia Street
London WC1X 9JD
T. 44.207.841.9960
F. 44.207.841.9961
london@gagosian.com
Horario: De martes a sábado de 10am-6pm
Entrada libre

Gema Moral